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¿Cómo lo solucionamos?

Las causas son estructurales y hacen falta políticas públicas encaminadas a reducir el consumo de alimentos procesados, anteponiendo la salud de la población a los intereses de la gran industria alimentaria.

En la formulación de políticas públicas que pongan freno a la alimentación insana, se deben identificar los factores sociales y económicos que influyen en el crecimiento de la alimentación procesada y ultraprocesada.

La Organización Mundial de la Salud lleva años dando la voz de alarma. Quiere regular la industria alimentaria. Y algunos países están dando los primeros pasos para abordar el problema a través de políticas públicas. En Finlandia, por ejemplo, la reducción de la ingesta de grasas saturadas de la carne y derivados lácteos, ha desencadenado en mejoras importantes del perfil lipídico de la población y en un descenso de la mortalidad por cardiopatía isquémica próximo al 50%1.

Por esta razón, EXIGIMOS:

1) Un etiquetado obligatorio para todos los productos alimenticios que permita diferenciar claramente los alimentos que pueden considerarse insanos.

Para hacer frente a la mala alimentación es necesario utilizar etiquetados simples, que muestren claramente y de un vistazo las características nutricionales (saludables o no) de los productos.

2) Un control efectivo de la publicidad alimentaria, ya que actualmente no existe ningún tipo de regulación.

Hay algo peor que la falta de control: que parezca que lo hay. Y eso es justamente lo que tenemos, un falso control. Además, un objetivo prioritario a controlar es la calidad nutricional de la publicidad dirigida al público infantil.

3) Una política impositiva para modificar los hábitos de consumo: aplicar un tipo impositivo alto a los productos insanos y facilitar el acceso a una alimentación saludable.

La idea central es trabajar con un doble objetivo: abaratar la alimentación sana, ecológica y de proximidad, y encarecer la alimentación insana. Pero además, puesto que las clases populares tienen dificultades económicas para seguir una dieta saludable, abaratar los alimentos básicos es una forma de reducir las desigualdades en el acceso a una dieta sana. Que una Coca-Cola, un Kit Kat o una manzana tengan el mismo IVA no tiene ninguna lógica desde el punto de vista sanitario. La reducción del IVA a productos básicos como frutas y verduras, podría significar un descenso en la recaudación impositiva, pero podría verse compensado por el incremento del IVA a determinados alimentos de perfil nutricional claramente insano.

4) La eliminación de la alimentación malsana de los centros educativos y promover la comida saludable a través de la compra pública.

La compra pública puede convertirse en una oportunidad para revitalizar los sistemas alimentarios locales y acabar con un tipo de alimentación altamente procesada, de larga distancia y servida por grandes empresas de catering a otra basada en una alimentación de proximidad, ecológica, producida por el campesinado familiar y con una relación mucho más estrecha entre quien produce los alimentos y quien los consume.

5) La agricultura familiar campesina y los mercados alimentarios locales como pieza clave en la lucha contra el hambre y la mala nutrición.

La puesta en marcha de formas de comercialización como los mercados municipales, la venta directa de alimentos por parte del campesinado y la innovación en mercados alimentarios son alternativas con un claro potencial de contribuir de manera eficaz a la reducción de la mala alimentación en todas sus vertientes.

Las Administraciones públicas juegan un papel central dentro de este contexto, así como las organizaciones de productores y productoras, las de consumo y los diversos actores implicados en la comercialización y distribución alimentaria.

NOTAS AL PIE

  1. Rodríguez Artalejo F, Guallar Castillón P, Banegas Banegas JR, Gutiérrez-Fisac JL, Rey Calero J. The association between mortality from ischaemic heart disease and mortality from leading chronic diseases. Eur Heart J 2000;21:1841-52.

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